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Cómo no se debe combatir el fracaso escolar: “Matando moscas a cañonazos”

El fracaso escolar es un tema recurrente cuando hablamos de educación. En los últimos años, a pesar de las elevadas cifras de fracaso, hemos evidenciado una ligera tendencia positiva en Castilla-La Mancha. No obstante, no debemos engañarnos, los guarismos son todavía demasiado altos, por lo que queda mucho trabajo por hacer, sobre todo para reducir la tasa actual (en torno al 30%) hasta el 10% en 2020. Según el último estudio de la Comisión Europea de Educación, esta elevada tasa de fracaso escolar en nuestro país, está motivada por el abandono de los jóvenes atraídos por trabajos no cualificados (sobre todo en el sector de la construcción durante el “boom inmobiliario”); y por otro lado, por la mala integración de los alumnos inmigrantes.

Entre las soluciones a aplicar se apuntan entre otras: la prevención del abandono escolar, la atención individualizada, el apoyo precoz a los alumnos con dificultades de aprendizaje, la actuación rápida y eficaz contra el absentismo y una apuesta firme por una Formación Profesional de calidad, adaptada a las necesidades reales del sector productivo. Para poder hacer visibles estas medidas se necesitan recursos e inversión económica, indudablemente.

Podríamos entrar a debatir cómo llevar a la práctica esta serie de ideas, pero lo que es indiscutible, es cómo no se debe combatir el fracaso escolar. Disminuyendo las plantillas de los centros educativos, reduciendo el presupuesto invertido en educación o eliminando los programas PROA (Programa de Refuerzo, Orientación y Apoyo), seguro que no conseguimos atajar este problema de nuestro sistema educativo.

En declaraciones realizadas a la Cadena Ser hace unas semanas, el Consejero de Educación, Cultura y Deportes, Marcial Marín, anunciaba la inminente entrada en vigor en Castilla-La Mancha de la Ley de Autoridad del Profesor. El representante del Gobierno Autonómico quería mostrar las “bondades” de esta iniciativa, señalando como las más importantes el recrudecimiento de las sanciones al alumnado y la ayuda psicológica y  jurídica al profesorado. Además, ofreció una imagen de nuestros centros que se corresponde más bien con la de pequeños centros penitenciarios, en los que se ha perdido totalmente el respeto a la autoridad, hay serios problemas de disciplina, se ha abandonado la filosofía del esfuerzo y  existe una alta desmotivación entre el profesorado. Nada más lejos de la realidad, Sr. Marín. Es innegable que existen problemas de convivencia, que se resuelven a través de las NCOF (Normas de Convivencia, Organización y Funcionamiento), pero por suerte son casos aislados, que para nada ilustran la realidad cotidiana.

Creo como docente, que los políticos, antes de intentar “concienciar” al alumnado de la necesidad de respetar la figura de sus profesores deberían dar ejemplo y hacer ellos lo propio.

A la pregunta del periodista, acerca de qué se iba a hacer con el alumnado que mostrara actitudes irrespetuosas y de indisciplina, el consejero arguyó de forma firme que la solución es “marginar a esos alumnos”. A nadie se le escapa que el alumnado que plantea problemas de indisciplina suele ser el mismo que tiene un alto riesgo de abandono y fracaso escolar. Si la política a seguir es ésta, difícilmente conseguiremos combatir esta lacra.

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